Cultura y comunicación postindustrialEl título de esta nueva entrega de Comunicación hubiera podido ser Cultura y comunicación postindustrial bajo el signo de la globalización. Porque hoy la cultura, tal como lo anunciaron Adorno y Horkheimer por allá a finales de los años treinta y más concretamente en 1947 cuando vio la luz Dialéctica del Iluminismo, se produce de forma estandarizada y serializada gracias a los procesos de industrialización. Pero lo que no pudieron visualizar estos dos pensadores de Frankfurt es que la comunicación y la cultura estarían signadas por la globalización porque este fenómeno de mundialización ha generado consecuencias no sólo de práctica social, sino inclusive conceptuales, sobre la vida cotidiana, el pensamiento y la percepción de los seres humanos.
El tema de la cultura en general y del universo del arte en particular tuvieron un lugar privilegiado en los estudios frankfurtianos, así como el asunto de los massmedia en general. Lo que nos enseñaron los del Instituto de Frankfurt es que la cultura (póngale el apellido que prefiera) y la comunicación de masas entrarían en un engranaje de producción y consumo dentro de la perspectiva de la industrialización de nuestras sociedades. Esa fue quizás la repercusión mayor de Adorno y Horkheimer en lo atinente a la crítica de la industria cultural. El sociólogo alemán Stefan Mueller-Doohm, amplio conocedor de la vida y obra de T.W. Adorno, nos dirá que “el diagnóstico de Adorno acerca de la industria cultural se ha cumplido sólo ahora”, pero también nos apunta que a pesar de ello “el actual mercado gigante y globaL, y la omnipresencia de los medios eran desconocidos para Adorno, que murió en pleno auge del movimiento de protesta de 1969”. Esto nos obliga a interpretar la cultura y comunicación postindustrial bajo nueva luz, bajo nuevos signos que se hacen presentes en este tiempo que no atinamos a designar con un término definitivo. El sociólogo brasileño Renato Ortiz en un espléndido ensayo (“La Escuela de Frankfurt y la cuestión de la cultura”) nos lo expresa de forma muy clara y a la vez comprensiva por el tiempo que les tocó vivir a los pensadores frankfurtianos al decir: “El concepto de industria cultural sigue siendo para el pensamiento frankfurtiano, la piedra de toque para entender la sociedad de masas. Y esto por cierto dificulta la comprensión de la problemática cultural en el mundo contemporáneo, en que la propia idea de masas se torna discutible”.
Este número de nuestra revista Comunicación no intenta de ninguna forma revisar el concepto de industria cultural de Adorno y Horkheimer. Sería pretencioso de nuestra parte, de ahí nuestra cautela a lo largo del número. Solamente el ensayo de Jesús María Aguirre (“El fin de las industrias culturales”) se adentra en ese intricado mundo del pensamiento para llevarnos de la mano sobre las interpretaciones que han surgido de la terminología original para concluir que “el término industria cultural es un concepto difuso y abierto, con una excesiva carga de connotaciones ya pasadas y superadas”. Le siguen luego una serie de trabajos que nos dan cuenta del avance que han sufrido los sistemas tecnológicos, informático y en general la expansión de los servicios de telecomunicaciones en todas sus expresiones; el tema regulatorio dentro del campo de las políticas públicas que deben tener en consideración la amplia oferta de medios de transmisión-hoy; el espacio de la televisión como el medio más frecuentado por las audiencias y que, desde una posición, hace ya un buen tiempo asumió roles políticos que eran insospechados en el pasado, pero desde otro ángulo, la televisión en estos tiempos debe empezar a verse como una “fuente de conocimiento” que atienda no sólo al ritmo de la globalización que vivimos, sino al desafío que le impone la responsabilidad social y empresarial con el fin de crear una “televisión de conocimiento que atienda a la audiencia”. La sección Entradas se cierra con dos artículo-ensayos que nos llevan a reflexionar, por un lado, el tema de cómo los medios de ahora están contribuyendo a un nuevo lazo social y de allí el hecho de que ellos sean el objeto de una gran lucha hegemónica; y por el otro lado, el intento de entender comprensivamente la denominada sociedad de masas, para luego proponer otro adjetivo más de acuerdo con la sociedad a la que se aspira alcanzar.
En la otra sección de la revista –Estudios– se ofrecen el resumen de tres investigaciones sobre parcelas de la industria cultural como son el cine, el libro y la radio. Tres parcelas referidas al contexto nuestro. Por una parte, el cine y su actividad dentro de este proceso político que vivimos en el país. La autora nos va paseando por el conjunto de políticas públicas cinematográficas que el Gobierno Nacional de estos años ha implementado. El titulo del texto nos habla de la reubicación que ha sufrido esta industria en estos casi diez años de proceso bolivariano: “Luces, Cámaras, Revolución” que no es más que la valla de identificación con la que se abren las puertas de la Villa del Cine como plataforma del cine y el audiovisual del Ministerio del Poder Popular para la Cultura.
El libro, también como objeto de la industria cultural del presente, es la otra investigación que publicamos. Se da cuenta de la estructura del mercado editorial venezolano: su desarrollo, sus carencias y su inserción en el contexto de las nuevas tecnologías.
Y la radio, ese medio al que Adorno vio con ojos de sospecha al no entender cómo desde él se puede disfrutar de la música, es el otro estudio que ofrecemos. Es más, Adorno no soportaba escuchar música por la radio, tal como no soportaba la música de jazz. La investigación es un amplio análisis de un grupo de emisoras FM de Caracas. El estudio nos pasea por los distintos enfoques teóricos-investigativos respecto a los contenidos de la radiodifusión sonora, nos pone en evidencia la naturaleza y estructura de los contenidos y propone una tipología de contenidos programáticos para este medio.
Hablemos, esa mesa redonda de redacción o “café de redacción” que procura recoger distintas voces con posturas y reflexiones en torno al tema central del número, esta vez abarca un espectro de voces iberoamericanas: Enrique Bustamante (España), Néstor García Canclini (México,Argentina), Octavio Getino (Argentina), Martín Hopenhayn (Chile), Jesús Martín Barbero (Colombia), Renato Ortiz (Brasil), George Yúdice(EE.UU y América Latina) y Fernando Vicario (España) que se presentaron públicamente como acto de cierre del Seminario sobre Cooperación en Comunicación y Cultura en Iberoamérica durante el mes de marzo de 2007 en España-Madrid, bajo los auspicios de la Organización de Estados Iberoamericanos, la Fundación Alternativas y la Agencia Española de Cooperación Internacional. Y así, gracias a la Fundación Alternativas de España a través de la mediación de sus cuadernos Seminarios y Jornadas No.41/2007 podemos ofrecer la transcripción completa de esa mesa redonda.
Con este nuevo número de Comunicación, que se adentra casi ya en sus 35 años de existencia, nos preguntamos con ese sugerente título –Cultura y Comunicación Postindustrial– acerca de las consecuencias de estos nuevos productos culturales y comunicacionales del presente globalizado.